Tras firmar mi divorcio, oí a mi exsuegra organizar un brindis para celebrar que me habían echado de la mansión. Al regresar y ver sus maletas fuera, gritó: «¡Esa casa es de mi hijo!». Sin discutir, entregué a la funcionaria judicial los documentos de propiedad. Entonces mi abogada abrió un expediente: alguien había solicitado 1.250.000 euros usando mi firma y otro edificio mío.

las manos a la cara.

Y cuando Elena preguntó de dónde habían sacado los archivos internos necesarios para preparar ambos expedientes, su exmarido confesó algo todavía peor:

—Empezamos a reunirlos cuando aún vivíamos juntos. Mamá tenía una copia de tus claves.

PARTE 3

Elena no gritó. La confesión fue tan fría que durante unos segundos apenas pudo respirar. Recordó una tarde en la que Begoña le había pedido utilizar el ordenador del despacho para imprimir unas recetas. Recordó también que Álvaro se ofrecía a ordenar carpetas cuando ella regresaba cansada