Tras firmar mi divorcio, oí a mi exsuegra organizar un brindis para celebrar que me habían echado de la mansión. Al regresar y ver sus maletas fuera, gritó: «¡Esa casa es de mi hijo!». Sin discutir, entregué a la funcionaria judicial los documentos de propiedad. Entonces mi abogada abrió un expediente: alguien había solicitado 1.250.000 euros usando mi firma y otro edificio mío.

de visitar obras. Había confundido aquellas pequeñas atenciones con cariño.

Inés la acompañó al interior del chalet cuando terminó la diligencia judicial. La casa estaba silenciosa. En la cocina aún quedaban los imanes que Begoña coleccionaba de sus viajes y, en el salón, una fotografía enorme de Álvaro presidía la estantería. Elena sintió ganas de tirarlo todo, pero su abogada le pidió que conservara cualquier documento que pudiera resultar relevante.

A la mañana siguiente se reunieron con Tomás Beltrán, especialista en litigios financieros. Revisaron el acceso a las cuentas corporativas,