cambiaron las contraseñas y comunicaron formalmente a las entidades bancarias que Elena no había aprobado las operaciones. Solicitaron preservar correos, formularios, registros de acceso y comunicaciones del intermediario. También comprobaron las inscripciones registrales: no constaba ninguna hipoteca nueva sobre los inmuebles.
Aquello evitaba una amenaza inmediata, pero no respondía a la pregunta que más la atormentaba: ¿cuánto tiempo habían planeado quitarle lo que había construido?
La respuesta comenzó a aparecer 9 días después. Natalia, antigua administrativa de la consultora, pidió hablar con Inés. Había dejado su empleo porque Álvaro llevaba