Tras firmar mi divorcio, oí a mi exsuegra organizar un brindis para celebrar que me habían echado de la mansión. Al regresar y ver sus maletas fuera, gritó: «¡Esa casa es de mi hijo!». Sin discutir, entregué a la funcionaria judicial los documentos de propiedad. Entonces mi abogada abrió un expediente: alguien había solicitado 1.250.000 euros usando mi firma y otro edificio mío.

de aniversario? ¿Los regalos de Álvaro escondían una petición posterior? ¿Cuántas cenas familiares habían servido para convencerla de que debía agradecerles una riqueza que ellos no habían creado?

Una tarde, mientras revisaba fotografías, encontró una imagen tomada el día de la inauguración del chalet. Ella sostenía unas llaves y sonreía junto a su padre, que había fallecido 4 años antes. Detrás aparecía Álvaro, todavía su novio. Begoña había insistido después en recortar aquella fotografía porque, según decía, quedaba poco elegante mostrar a los invitados al antiguo dueño de una ferretería.