verdad fue mucho más sencilla.
Sentí paz.
No necesitaba que él sufriera.
No necesitaba que me rogara volver.
Y ya no necesitaba su arrepentimiento para confirmar que había tomado la decisión correcta.
Respondí con una sola frase:
«Gracias por tus palabras. Te deseo una buena vida».
Después archivé el correo.
8. Mi verdadera luna de miel
Al cumplirse tres años de mi llegada a Nairobi, mi empresa me concedió unas vacaciones largas.
Nora vino a visitarme.
Una noche, cenando juntas, sacó una pequeña libreta de su bolso.
—He encontrado esto