como arma.
Pero tampoco permitiría que nadie lo utilizara contra mí.
Tres días después regresé a mi antigua oficina.
Antes de casarme había trabajado como diseñadora de interiores. Había empezado desde abajo en un pequeño estudio, y poco antes de mi boda me habían ofrecido dirigir un proyecto importante.
Renuncié porque la familia Su consideraba que una esposa debía dedicar su tiempo a mantener las relaciones sociales de la empresa.
La directora del estudio, Elena, abrió mucho los ojos al verme.
—¡Gu Li!
Me abrazó y enseguida me hizo pasar.