Cuando le expliqué que quería volver a trabajar, sonrió.
—Hace tres años perdiste una oportunidad, no tu talento.
Me mostró varios proyectos.
Había uno que necesitaba una responsable de diseño: la rehabilitación de un antiguo edificio para convertirlo en biblioteca y centro cultural.
Acepté colaborar.
No era un regreso espectacular.
No tendría un despacho enorme ni un conductor esperándome en la puerta.
Pero sería mi trabajo.
Mi dinero.
Mi vida.
Aquella noche, mientras revisaba planos en el hotel, recibí un mensaje de Jingshen.
Necesito verte. Por favor.
Lo ignoré.
Llegaron