EL DÍA QUE VOLVIÓ SU PRIMER AMOR, LE PEDÍ EL DIVORCIO… SIN DECIRLE QUE ESTABA EMBARAZADAv

celos.

No sentí rabia.

Y tampoco sentí amor romántico.

Solo el deseo sincero de que ambos construyeran una relación bonita y estable.

Cuando desaparecieron por la puerta, regresé al interior de la biblioteca.

Había un grupo de niños sentados en el rincón de lectura.

Uno de ellos levantó la mano y me preguntó:

—Señora, ¿usted ha construido todo esto?

Sonreí.

—He ayudado a diseñarlo.

—¿Y le gusta mucho?

Miré a mi alrededor.

—Muchísimo.

—Entonces tiene el mejor trabajo del mundo.

Me reí.

Quizá aquel niño tenía razón.

Aquella noche, después