de acostar a Gu An, abrí el último cajón que todavía conservaba recuerdos de mi matrimonio.
Dentro encontré una fotografía de nuestra boda.
Yo aparecía con un vestido blanco, sonriendo tímidamente hacia la cámara.
Jingshen estaba a mi lado, serio, mirando hacia otro lugar.
Durante años había contemplado aquella imagen preguntándome qué podría haber hecho para conseguir que me mirara de otra manera.
Esa noche ya no me hice esa pregunta.
Porque finalmente había comprendido algo.
No me había faltado belleza.
Ni inteligencia.
Ni paciencia.
No había fracasado como esposa