por allá, un vaso que casi se le cae a un mesero. Yo le pedí con calma a Ricardo que lo sentara un rato.
—Ay, relájate —respondió él—. Por eso te falta vivir ciertas cosas. Los niños son así.
No era la primera vez que me usaba como blanco. En cada comida familiar soltaba comentarios sobre mi soltería, mi reloj biológico, mi departamento en la ciudad, mi trabajo, mi libertad, como si todo lo que yo había construido fuera apenas un premio de consolación por no tener la vida que