Mi madre, Teresa, adoraba a Mariana.
Hasta que comenzaron a pasar los años sin hijos.
Primero llegaron las indirectas.
Después los remedios caseros.
Luego las humillaciones.
—Una familia sin niños termina siendo una casa vacía.
Mariana fue con especialistas.
Nadie encontró una causa definitiva.
Un médico sugirió que yo también me hiciera estudios.
Me negué.
—Estoy perfectamente sano.
Qué fácil había sido confundir orgullo con certeza.
Lo peor ocurrió durante una comida familiar.
Mi madre dijo delante de todos que Mariana era un árbol incapaz de dar fruto.
Mariana me