amanecer saqué una caja con fotografías antiguas.
Encontré una de Mariana y yo junto al primer camión que compramos.
Yo sonreía como si fuera dueño del mundo.
En realidad debía más dinero del que tenía.
Mariana había vendido 3 pulseras de oro que recibió en nuestra boda para completar el enganche.
Trabajaba por las mañanas llevando cuentas en una ferretería y por las noches revisaba conmigo gasolina, casetas, facturas y pagos atrasados.
La empresa que ahora movía millones de pesos había comenzado con una libreta apoyada sobre costales de cemento.