ella había creído que yo sabía de Mateo y simplemente había decidido abandonarlo.
Durante 8 años yo había pensado que Mariana había rehecho su vida.
Pedí una prueba de ADN.
Su rostro cambió.
—¿Todavía dudas de mí?
—No.
Respiré hondo.
—Quiero algo que nadie pueda volver a cuestionar. Ni mi familia, ni la tuya, ni yo.
Aceptó.
3 días después recibimos el resultado.
Probabilidad de paternidad superior al 99.99%.
Mateo era mi hijo.
Me quedé mirando aquella hoja.
7 cumpleaños.
7 navidades.
Su primer día de escuela.
Sus enfermedades.