Por decirte que aguantaras. Por creer que quedarme callado significaba no tomar partido.
Mariana miró hacia la ventana.
—Lo peor nunca fueron las palabras de tu mamá.
Volvió a verme.
—Lo peor era regresar contigo a nuestra habitación sabiendo que habías escuchado exactamente lo mismo que yo y que aun así me decías que tuviera paciencia.
No me defendí.
No tenía derecho.
Le pedí conocer a Mateo.
Aceptó.
Poco a poco.
Nos sentamos los 3 en una cafetería.
Mateo parecía nervioso.
—Tu mamá y yo tenemos que contarte algo.
Abrió