mucho los ojos.
—¿Estoy castigado?
—No.
Respiré.
—Soy tu papá biológico.
Mateo miró a Mariana.
Ella asintió.
Después volvió a mirarme.
—Entonces… ¿por qué nunca viniste a mis cumpleaños?
Sentí que aquella pregunta me atravesaba.
Podía culpar inmediatamente a mi madre.
Podía decir que yo no tenía responsabilidad.
No lo hice.
—Porque los adultos cometimos errores. Yo no sabía que existías, pero también tomé decisiones antes de que nacieras que ayudaron a que todo terminara así.
Mateo guardó silencio.
Después preguntó:
—¿Tengo que decirte papá?
—No.
Sonreí.
—Puedes llamarme como