habían sido robadas.
Mi madre quiso acercarse de otra manera.
Llegó un día con las escrituras de un departamento.
—Quiero ponerlo a nombre de Mateo.
Mariana ni siquiera tomó los documentos.
—¿Quieres comprar el derecho a ser su abuela?
—No es eso.
—Durante años utilizaste el hijo que pensabas que yo no podía tener para decidir cuánto valía como mujer. Ahora quieres utilizar al hijo que sí tuve para borrar lo que hiciste.
Mi madre insistió en que Mateo viviría mejor conmigo.
Dijo que yo tenía dinero, espacio y acceso