a mejores escuelas.
Llegué mientras discutían.
—Mamá, basta.
—Pero Alejandro…
—Mateo vive con su madre.
—Es un Ramírez.
La miré.
—También es Salgado. Y mucho antes de que yo apareciera para decir que era su padre, Mariana fue quien lo alimentó, trabajó por él, lo abrazó cuando tenía miedo y lo cuidó durante 7 años.
Mi madre comenzó a llorar.
—Solo quiero lo mejor para mi nieto.
—Entonces entiende que quererlo no te da derecho a controlar su vida.
Pasaron varios meses.
Mi madre finalmente regresó.
Esta vez no llevó