—No puedes ponerle precio a 8 años.
Después me dijo algo que cambió mi manera de entender la paternidad.
—Si quieres ser su papá, empieza por presentarte.
Eso hice.
Lo recogía de la escuela.
Comíamos hamburguesas.
Le ayudaba con matemáticas.
Descubrí que odiaba la cebolla, que le aterraban las tormentas y que movía la pierna derecha cuando estaba nervioso.
Una tarde tuvo fiebre.
Pasé 3 horas esperando afuera del consultorio.
No ocurrió nada espectacular.
Y precisamente por eso aquel día significó tanto.
Era una de esas tardes normales que me