dinero.
No llevó propiedades.
Ni siquiera preguntó primero por Mateo.
Miró a Mariana y dijo:
—Vine a pedirte perdón.
Reconoció todo.
Sin excusas.
Mariana escuchó.
Cuando terminó, respondió:
—Puedo dejar de vivir enojada contigo. Pero perdonar no significa fingir que nunca ocurrió.
Mi madre asintió.
—Si quieres conocer a Mateo como su abuela, no voy a impedirlo. Pero nunca vuelvas a usar el amor como una excusa para decidir por los demás.
Y así comenzó desde cero.
Meses después, Mariana abrió un pequeño local de arreglos de ropa.
Le ofrecí