invertir.
Dijo que no.
Por primera vez, acepté un no sin intentar convencerla.
Una tarde reuní valor.
—¿Crees que algún día podría existir otra oportunidad para nosotros?
Mariana dejó la camisa que estaba doblando.
Me miró durante mucho tiempo.
—Puedes convertirte en un gran padre, Alejandro.
Supe lo que venía.
—Pero nuestro matrimonio terminó hace 8 años.
Sonreí con tristeza.
—Supongo que necesitaba preguntarlo.
—Sí.
Sobre una repisa había un florero que Mateo había roto y pegado.
Mariana lo señaló.
—Hay cosas rotas que todavía pueden sostener flores. Pero eso