de la colonia Portales con mi entonces esposa, Mariana, y contábamos monedas para saber si podíamos pagar la luz.
Solo 2 personas conocían esa canción.
Mariana y yo.
El niño terminó de cantar y corrió hacia una mujer que estaba guardando unas cosas en una mochila.
Cuando ella levantó la cara, sentí que el piso desaparecía.
—Mariana…
No la había visto desde nuestro divorcio.
Estaba más delgada. Llevaba el cabello recogido y un suéter sencillo. Había cansancio en su rostro, pero seguía teniendo esa forma orgullosa de sostener la mirada