nada.
—He sobrevivido sin ti.
Tomó a Mateo de la mano.
La detuve.
—Mariana, espera.
Se giró.
Tenía lágrimas en los ojos, pero no dejó caer ninguna.
—Si realmente quieres saber quién es el padre de Mateo, empieza preguntándole a tu madre qué recibió de mí hace 8 años.
Miré lentamente hacia ella.
Mi madre bajó los ojos.
Y en ese instante comprendí que la verdad sobre aquel niño no estaba escondida en la vida de Mariana.
Había estado dentro de mi propia casa.
Parte 2: No dormí.
Antes del