mi teléfono.
Era Ethan.
Había conseguido llamarme desde otro número.
Contesté y activé el altavoz.
—Ava, tenemos que hablar —dijo con una dulzura que jamás le había escuchado durante nuestra boda.
—Te escucho.
—Mi madre está dispuesta a perdonarte. Si regresas, podemos olvidar todo lo que pasó.
Miré a Rebecca.
Ella negó lentamente con la cabeza.
—No voy a regresar, Ethan.
Su tono cambió inmediatamente.
—Entonces firma los documentos que te envié y termina con esto.
Sentí un escalofrío.
—¿Qué documentos?
—Los que dejé en tu correo. Solo necesitamos tu