La Nieta Que Llegó Tarde, Pero Aún Pudo Devolverle La Vida

uno puede soportar.

Le acaricié el pelo.

—No me abandonaste, Marta. Estabas agotada.

—Pero te dejé allí.

—Me llevaste donde podían cuidarme cuando tú ya no podías.

Ella lloró más fuerte.

Caterina estaba de pie junto a la puerta, con los ojos llenos de agua.

—Yo no quiero que esto nos rompa —dijo mi nieta.

Marta la miró.

—No quiero que cargues con todo.

—No voy a cargar con todo —respondió Caterina—. Pero tampoco quiero que la abuela vuelva a estar esperando sola.

Hubo un silencio.

Un silencio de esos