La Nieta Que Llegó Tarde, Pero Aún Pudo Devolverle La Vida

Luego le respondí:

—Las promesas buenas no terminan cuando se cumplen. Empiezan ahí.

Caterina no dijo nada.

Pero me tomó del brazo con más fuerza.

Llegó su siguiente cumpleaños.

Diecinueve años.

Esta vez no esperé vestida con el abrigo.

Esta vez desperté en mi habitación, con mis fotos en la mesita y el olor a café entrando por la puerta.

Caterina apareció con el pelo recogido de cualquier manera y una vela clavada en una magdalena.

—No tenía pastel —dijo—. Pero cuenta igual.

—Cuenta más.

Marta llegó después con flores.