La Nieta Que Llegó Tarde, Pero Aún Pudo Devolverle La Vida

Pilar apareció con tortilla.

Y por la tarde vinieron dos vecinas con lana nueva.

El apartamento se llenó de voces.

No era una casa grande.

Alguien tuvo que sentarse en una silla plegable.

Alguien dejó un vaso encima de la lavadora.

La planta casi terminó en el suelo.

Pero yo miré todo aquello y pensé:

“Esto es vivir.”

No vivir perfecto.

No vivir sin miedo.

No vivir sin cansancio.

Vivir acompañada.

Esa noche, cuando todos se fueron, Caterina se sentó conmigo en el sofá.

—Abuela, ¿te arrepientes de haber salido