qué necesitas?
Valeria miró hacia la ventana.
—Que te sientes.
Eso hice.
Al principio me pareció insoportable.
Sentarme sin investigar.
Sin solucionar.
Sin preguntar.
Pero aprendí.
Aprendí que algunos días Valeria quería hablar durante dos horas.
Otros quería ver televisión y comer cereal a las cuatro de la tarde.
Hubo noches en que despertaba sobresaltada porque escuchaba una puerta cerrarse.
Hubo mañanas en que parecía completamente bien y después lloraba porque no encontraba sus llaves.
Cuatro meses después decidió mudarse.
Eligió un departamento pequeño en una zona tranquila de Querétaro.