Su esposo me dijo que mi hija llevaba una semana en un retiro y hasta me pidió que “respetara su privacidad”. No discutí; conduje dos calles, estacioné y regresé caminando bajo la lluvia. Detrás de la casa encontré un candado nuevo en el garaje. Cuando susurré “si eres tú, golpea la puerta”, recibí 3 golpes que me hicieron llamar a la policía.

verlo —dijo.

—Lo tiro.

Negó con la cabeza.

—No.

—Entonces guárdalo.

Me lo entregó.

—Lo hiciste tú.

Lo llevé a casa.

Todavía lo tengo.

No arreglé la flor descosida.

Valeria y yo ya no hablamos todos los días.

Antes eso me habría parecido imposible.

Ahora entiendo que también es una forma de sanar.

A veces tarda horas en contestarme.

Todavía miro el teléfono más de lo que debería.

Todavía escribo:

“¿Todo bien?”

Y algunas veces borro el mensaje antes de enviarlo.

La última vez que vino a verme se quedó