Su esposo me dijo que mi hija llevaba una semana en un retiro y hasta me pidió que “respetara su privacidad”. No discutí; conduje dos calles, estacioné y regresé caminando bajo la lluvia. Detrás de la casa encontré un candado nuevo en el garaje. Cuando susurré “si eres tú, golpea la puerta”, recibí 3 golpes que me hicieron llamar a la policía.

hasta la noche.

Cuando se iba, tomó sus llaves y abrió la puerta.

—Te llamo el domingo.

—No tienes que prometerlo.

Me miró.

—Ya sé.

—En serio.

Sonrió.

—Ya sé, mamá.

Me abrazó.

Yo la sostuve un poco más de la cuenta.

Entonces me dio tres golpecitos suaves en la espalda.

Tac.

Tac.

Tac.

El mismo sonido que había escuchado detrás de aquella puerta.

La solté.

Valeria salió caminando hacia su auto.

Esta vez no la seguí hasta la ventana.

No revisé cuánto tardaba en arrancar.

No le escribí para