lluvia que no paró en todo el camino.
Julián abrió antes de que tocara el timbre.
Eso fue lo primero que me molestó.
Lo segundo fue su sonrisa.
Demasiado preparada.
—Elena. Qué sorpresa.
—Llevo una semana buscando a mi hija.
Su expresión no cambió.
—Lo sé.
—¿Dónde está?
—Se fue unos días.
—¿A dónde?
—A un retiro.
—¿Qué retiro?
Tardó demasiado en responder.
—Uno de bienestar. Cerca de San Miguel, creo.
—¿Cómo se llama?
—No recuerdo.
Lo miré fijamente.
Había trabajado 29 años en el Ministerio Público. Había escuchado mentiras