Su esposo me dijo que mi hija llevaba una semana en un retiro y hasta me pidió que “respetara su privacidad”. No discutí; conduje dos calles, estacioné y regresé caminando bajo la lluvia. Detrás de la casa encontré un candado nuevo en el garaje. Cuando susurré “si eres tú, golpea la puerta”, recibí 3 golpes que me hicieron llamar a la policía.

lluvia que no paró en todo el camino.

Julián abrió antes de que tocara el timbre.

Eso fue lo primero que me molestó.

Lo segundo fue su sonrisa.

Demasiado preparada.

—Elena. Qué sorpresa.

—Llevo una semana buscando a mi hija.

Su expresión no cambió.

—Lo sé.

—¿Dónde está?

—Se fue unos días.

—¿A dónde?

—A un retiro.

—¿Qué retiro?

Tardó demasiado en responder.

—Uno de bienestar. Cerca de San Miguel, creo.

—¿Cómo se llama?

—No recuerdo.

Lo miré fijamente.

Había trabajado 29 años en el Ministerio Público. Había escuchado mentiras