mucho mejores.
—¿Tu esposa desaparece una semana y no recuerdas dónde está?
Su sonrisa desapareció apenas un segundo.
—No desapareció. Quería estar sola.
—Quiero hablar con ella.
—Apagó el celular.
—Enséñame el mensaje donde te dijo que se iba.
—Lo borré.
Entonces apareció su hermana detrás de él.
Camila.
Y llevaba puesto un suéter azul de Valeria.
No uno parecido.
El suyo.
Yo misma había cosido unas pequeñas flores blancas en los puños cuando Valeria cumplió 27.
Camila notó que lo miraba.
—Me lo prestó hace tiempo.
No respondí.
Julián