Su esposo me dijo que mi hija llevaba una semana en un retiro y hasta me pidió que “respetara su privacidad”. No discutí; conduje dos calles, estacioné y regresé caminando bajo la lluvia. Detrás de la casa encontré un candado nuevo en el garaje. Cuando susurré “si eres tú, golpea la puerta”, recibí 3 golpes que me hicieron llamar a la policía.

Y casi siempre terminaba igual:

“Te quiero, ma.”

El tercer día llamé a su oficina.

Me dijeron que había pedido permiso por asuntos personales.

El quinto llamé a dos amigas suyas.

Ninguna sabía dónde estaba.

La primera me dijo que Julián, su esposo, había explicado que Valeria necesitaba “desconectarse de todos”.

La segunda bajó la voz antes de decirme:

—Señora, no quiero meterme, pero la última vez que la vi discutieron fuerte.

El séptimo día metí ropa en una mochila y manejé desde Ciudad de México hasta Querétaro bajo una