Descubrí que mi esposa llevaba tres semanas sin aparecer en la empresa después de una discusión con mi secretaria. “Ella ya no tiene lugar aquí”, me dijo, antes de confesar que había sido mi propia amante quien ordenó despedirla. Pensé que bastaría con pedirle perdón para que regresara. Pero a la mañana siguiente, durante una reunión del consejo de administración, comprendí que quien estaba a punto de perderlo todo era yo.

Grupo Robles.

Había contratos sospechosos, pagos injustificados y transferencias millonarias a empresas relacionadas con personas cercanas a Alejandro.

—¿De dónde sacaste esta información?

—De una auditoría independiente. Horizonte Capital no puede prestar 450 millones de pesos a una empresa que oculta operaciones importantes.

—¡Estás utilizando nuestra relación para vengarte!

Mariana lo miró directamente.

—No confundas una revisión financiera con una discusión matrimonial.

Alejandro cerró la carpeta.

—¿Qué quieres? ¿Que termine con Camila? ¿Que te pida perdón?

—Eso debiste decidirlo hace mucho tiempo.

Entonces Mariana sacó otro documento.

Era una constancia