Descubrí que mi esposa llevaba tres semanas sin aparecer en la empresa después de una discusión con mi secretaria. “Ella ya no tiene lugar aquí”, me dijo, antes de confesar que había sido mi propia amante quien ordenó despedirla. Pensé que bastaría con pedirle perdón para que regresara. Pero a la mañana siguiente, durante una reunión del consejo de administración, comprendí que quien estaba a punto de perderlo todo era yo.

resolverse ante las autoridades. Hoy también debemos revisar lo que ha ocurrido durante los últimos tres años.

Su abogado proyectó los resultados de una auditoría.

Cuarenta y ocho millones de pesos.

Esa era la cantidad de operaciones irregulares identificadas hasta entonces.

Ocho millones habían terminado en cuentas personales de Camila Ríos.

Otros veintidós millones se habían pagado a una empresa de publicidad perteneciente al hermano de Camila, sin evidencia suficiente de los servicios contratados.

El resto correspondía a gastos personales, vehículos y operaciones entre empresas relacionadas.

Alejandro intentó intervenir.

—Yo