Descubrí que mi esposa llevaba tres semanas sin aparecer en la empresa después de una discusión con mi secretaria. “Ella ya no tiene lugar aquí”, me dijo, antes de confesar que había sido mi propia amante quien ordenó despedirla. Pensé que bastaría con pedirle perdón para que regresara. Pero a la mañana siguiente, durante una reunión del consejo de administración, comprendí que quien estaba a punto de perderlo todo era yo.

autoricé algunos contratos, pero…

—Precisamente —lo interrumpió Mariana—. Firmaste pagos utilizando recursos de los accionistas sin verificar que fueran operaciones legítimas.

En aquel momento Camila, que había conseguido entrar acompañando a Alejandro, se levantó indignada.

—¡Me están acusando de cosas que no hice!

Mariana pidió que reprodujeran un mensaje de voz entregado voluntariamente por uno de los proveedores investigados.

Se escuchó claramente la voz de Camila:

—Si quieren conservar el contrato con Grupo Robles, tendrán que darme mi comisión. Alejandro firma lo que yo le pongo enfrente.

El silencio fue