mí.
Una lágrima recorrió su mejilla.
—Esperé tres años para que volvieras a tener un detalle semejante.
Alejandro bajó la cabeza.
—Perdóname.
—Te perdono, Alejandro. Pero no voy a regresar.
Mariana se quitó el anillo de matrimonio y se lo entregó.
Después salió del edificio sin mirar atrás.
Alejandro se quedó observando aquel pequeño círculo de oro.
Durante tres años había tenido una mujer que no necesitaba su fortuna.
Lo único que había querido era su amor.
Y él le había dado todo lo contrario.
Catorce meses después, Alejandro recibió