contarais durante años que ella se había ido porque me tenía envidia.
El rostro de la madre cambió.
Lucía lo vio.
No era culpa.
Era miedo.
Miedo a que las 2 hijas ya compartieran la misma versión de los hechos.
Miedo a que la comparación que había mantenido separadas a las hermanas dejara de funcionar.
Lucía sacó un sobre.
Dentro había una última propuesta legal: cero contacto directo, cero mensajes a empleados o clientes, cero amenazas, cero acusaciones públicas falsas. Si lo incumplían, su abogada actuaría.
—No os estoy pidiendo