a mi nombre.
Llamé a don Ernesto y le confirmé que no renovaría. Acordamos revisar la vivienda y entregarla cuando terminara el plazo.
Al día siguiente regresé acompañada por mi padre.
Contraté una mudanza, guardé los comprobantes de los muebles que había comprado y separé cuidadosamente las pertenencias personales de Sergio.
Todo lo que correspondía a él quedó inventariado y enviado a una bodega, con sus respectivos comprobantes.
No pretendía desaparecer sus cosas.
Simplemente no pensaba seguir sosteniendo una casa donde mi trabajo pagaba todo y mi voz no contaba