para nada.
Mientras vaciábamos los cajones, encontré una carpeta escondida en el escritorio.
Contenía un contrato de compraventa de electrodomésticos por 610,000 pesos.
El comprador era Sergio.
Su primo Óscar aparecía como intermediario.
Había además una nota donde se mencionaba un crédito bancario pendiente de autorización.
Me quedé helada.
Mi esposo no solamente había entregado nuestros ahorros: también había firmado una obligación comercial enorme sin decírmelo.
Fotografié los documentos y guardé las copias.
El sábado entregué las llaves a don Ernesto. Recuperé el depósito correspondiente y me marché.
El