domingo, alrededor de las cinco de la tarde, un transporte turístico se estacionó frente a nuestra antigua casa.
Sergio bajó acompañado de Teresa, Óscar y los demás familiares.
Todos cargaban maletas, recuerdos y bolsas de mariscos secos.
Hasta que vieron el letrero:
SE RENTA CASA.
PARTE 1
—¡Una esposa decente no le cancela la tarjeta a su marido delante de toda la familia! —me gritó mi suegra por teléfono, mientras mi esposo disfrutaba de unas vacaciones en Puerto Vallarta con diez parientes que yo ni siquiera sabía que habían salido