de Guadalajara.
Lo que mi suegra ignoraba era que, mientras ellos brindaban frente al mar, nuestra hija de ocho años estaba acostada con fiebre, preguntándome cuándo regresaría su papá.
Me llamo Claudia Hernández, tengo 35 años y llevaba diez casada con Sergio. Hasta aquel viernes, creía que nuestro matrimonio atravesaba una mala racha económica, pero nunca imaginé que mi esposo sería capaz de mentirme de aquella manera.
Trabajo como contadora general en una empresa de materiales para construcción. Mi sueldo ronda los 48,000 pesos mensuales. Sergio tenía un negocio