Pero después la lista empezó a crecer.
Primero eran cinco personas. Luego ocho. Finalmente, Sergio pretendía llevar a diez familiares adicionales y pagar absolutamente todo.
—Podemos ayudar con los gastos de tu mamá, pero los demás deben cooperar —le dije.
Su expresión cambió inmediatamente.
—¡Qué vergüenza andar cobrándole a la familia! ¡Parece que te duele gastar un peso!
Discutimos. Le expliqué que primero estaban nuestros compromisos y nuestra hija.
Finalmente, me aseguró que había cancelado el plan.
Dos semanas después, anunció que viajaría tres días por negocios para reunirse con