vacaciones.
De los ahorros que habíamos reunido durante años para comprar una casa, faltaban 260,000 pesos.
Sergio había transferido 150,000 pesos a su primo Óscar tres semanas antes del viaje y otros 110,000 una semana después.
Ninguna transferencia había sido consultada conmigo.
Lo llamé.
—¿Dónde están los 260,000 pesos?
—Es una inversión. Óscar consiguió un negocio de electrodomésticos. Recuperaremos el doble.
—¡Ese dinero era para nuestra casa!
—También es mi dinero, Claudia. No tengo que pedirte permiso para cada movimiento.
Colgó.
Esa noche encontré otro mensaje