importante.
Don Ernesto, el dueño de nuestra vivienda, me recordaba que el contrato de arrendamiento terminaba aquel domingo.
Durante semanas había intentado hablar con Sergio sobre la renovación, pero siempre respondía:
—Tú encárgate. La renta y los recibos son asunto tuyo.
El contrato estaba exclusivamente a mi nombre.
Llamé a don Ernesto y le confirmé que no renovaría. Acordamos revisar la vivienda y entregarla cuando terminara el plazo.
Al día siguiente regresé acompañada por mi padre.
Contraté una mudanza, guardé los comprobantes de los muebles que había comprado y separé