un tirón violento.
Vincent se quedó paralizado.
Luego ocurrió de nuevo.
Un espasmo muscular intenso recorrió ambas piernas.
Los reposapiés vibraron con fuerza.
Nora apartó de inmediato la silla de escritorio.
—Vincent.
—Lo sé.
Su respiración se volvió entrecortada.
Otro espasmo lo sacudió.
Su cuerpo lo traicionaba con una fuerza brutal.
Se aferró a los reposabrazos.
—Maldita sea.
Nora se arrodilló frente a él.
—Mírame.
—No.
—Vincent.
Su pierna golpeó con fuerza el soporte.
Su rostro se desencajó.
No podía sentir dolor convencional por debajo de la lesión, pero sí