una decisión sencilla.
Le pidió que no volviera a presentarse en nuestra casa sin avisar.
Rebeca aceptó.
Después Jimena añadió que, por el momento, no deseaba otra reunión.
Su madre bajó la mirada, pero no discutió.
Al regresar a casa mi hija se fue directamente a su habitación. Pensé que aquella conversación la había dejado peor.
Más tarde salió con sus materiales de dibujo y se sentó en la mesa del comedor.
Me preguntó si podía acompañarla sin hacer preguntas.
Me senté a su lado.
Trabajamos en silencio durante casi