lo que habíamos organizado para que se sintiera cómodo.
Aquella tarde llegó puntual.
Se sentó en una de las últimas filas, escuchó la presentación y se acercó al terminar. No intentó abrazarlo sin preguntar. Le dijo que había disfrutado de la música y que le gustaría escucharlo nuevamente si él lo deseaba.
Matías respondió que quizá podría hacerlo otro día.
Después regresó junto a sus amigos.
No hubo una reconciliación emocionante delante de todos los asistentes.
Pero mi hijo volvió a casa contento.
Me contó que se sintió nervioso al