para sí misma.
No quería que continuara perdiendo tiempo por nuestra historia.
Mariana también la animaba a dedicarse a sus propios intereses. Cuando Jimena regresaba con algún dibujo, lo observaba con atención y le preguntaba qué había querido expresar.
Nunca le decía que era extraordinario solo por quedar bien.
A veces le sugería corregir una proporción o probar otro color. Jimena agradecía aquella sinceridad porque la trataba como a una joven capaz de mejorar, no como a una niña a la que había que proteger de cualquier crítica.
Nuestra relación