sábado me pidió dinero para comprar materiales y preguntó si podía pasar la tarde con unas amigas.
Le respondí que sí.
Después me dijo que todavía le parecía extraño salir sin preocuparse por lo que estarían haciendo sus hermanos.
Aquella frase me acompañó todo el día.
Me hizo comprender cuánto había cambiado nuestra vida desde que Rebeca se marchó. Yo había aprendido a ganar dinero, cocinar, resolver problemas escolares y mantener el taller abierto. Jimena, en cambio, había aprendido a cuidar a otros antes de descubrir qué cosas deseaba hacer