con Mariana se fortaleció durante aquellos meses.
Pero no porque Rebeca se hubiera convertido en una amenaza que debíamos derrotar juntos.
Aprendimos a hablar con más claridad sobre nuestras responsabilidades, nuestros miedos y el lugar que cada uno deseaba ocupar.
Mariana seguía acompañando a su hermana cuando lo necesitaba. Yo continuaba a cargo de las decisiones parentales que me correspondían y ambos compartíamos las cuestiones relacionadas con nuestra convivencia.
A veces discutíamos por cosas sencillas.
Yo dejaba herramientas sobre la mesa de la cocina. Ella guardaba recibos en lugares que